Fe como arma de ataque

 ¿Puede la fe usarse como herramienta de ataque?

 La respuesta es, sí. Las personas religiosamente motivadas son propensas a catalogar a las demás personas en rangos de "aprobación" de acuerdo con los estándares de sus propias creencias personales. Y cuando el estilo de vida y pensamiento de esas personas no concuerda con sus estándares religiosos, la reacción no se hace esperar.

Estos ataques suelen hacerse a nivel personal también, quizás una crítica suave a la forma de vestir, la música que escucha, etc. O bien, no falta el clásico "arrepiéntase o se va al infierno".

El problema se da cuando esta reacción involucra la vida política. La política, contra lo que la mayoria piensa, no corresponde solo a los políticos. El ser humano es un ser político, la existencia misma de la sociedad humana es obra de la política. El ser humano aprende a lograr acuerdos de cooperación basadas en oportunidades mutuas, a pesar de las diferencias.

Por el contrario la fe es radical: "obedece". Punto. No hay lugar para acuerdos, negociaciones o compromisos. Y eso podría funcionar a un nivel de experiencia personal, como filosofía privada de vida. Pero... cuando se trata de la vida pública, de la convivencia en sociedad, no funciona. Trasladar esta experiencia personal al asunto público, para tratar de promover leyes que regulen derechos, libertades y deberes de la mayoría, basadas en un criterio de una minoría, es la base de las desigualdades sociales, del retroceso de la sociedad.

Nunca mejor expresado en las palabras del actual presidente de los Estados Unidos.