Harto de ser discriminado por ser un hombre


Hoy tuve una experiencia más de la oculta pero ácida realidad de la discriminación masculina. Discriminación Masculina? Ajé... eso escribí. La discriminiación masculina existe, es tan real como la discriminación femeni na; pero a diferencia de la segunda, este primer tipo de discriminación aún sigue siendo silenciada y concentida (y hasta difundida) por la sociedad.

Irónicamente, las mismas mujeres que luchan valientemente por derrotar la discriminación femenina, suelen perder el rumbo y convertirse en difusoras de la discriminación masculina.

Pero bueno, volvamos al relato para que me entiendan mejor.
Anoche, amanecer domingo, estuve muy enfermo, temperatura muy alta, tos seca, mareos... ya saben como va eso. Dormir, solo un sueño. A ratos. Muy temprano, me alisté, y como soy de esas personas necias que tratan de autovalerse, me fui solo al hospital Calderón Guardia. Ahi me atendieron como un sospechoso de portar el virus AH1N1 (quizás por la cara de chancho que andaba) y me pasaron con todo el protocolo de seguridad requerido. Una odisea que sufrí estoicamente.

Tras un chequeo cuidadoso, el enmascarado médico dictaminó que no era una amenaza, y me recetó un jarabe, unas pastillas de paracetanol (misma que en la caja parece ser la receta para todo) y un par de inyecciones. Hasta aquí estamos bien.

Le indiqué al doctor que yo no me recupero fácil de las gripes fuertes, en realidad muy rara vez me enfermo, pero ese healing factor mutante tiene su kriptonita en la estúpida gripe estacionaria que llaman "Quiebrahuesos". Por tanto, le pedí que me incapacitara por el resto del día. El galeno me miró con ojos de "Ya te la creo" y me respondió que la pidiera a la secretaria.

Salí entonces a recibir mis inyecciones, las pastillas y la incapacidad. Aqui quiero recalcar, que nunca en mis casi 30 años de vida me habia incapacitado así antes. Así que perdonarán si pequé de inocente, puesto que al pedirle la hoja de incapacidad a la secretaria, la misma me indica que ella no sabe nada de eso, pues es responsabilidad del doctor.

Recurrí entonces al viejo adajio: "Reir para no llorar". Le pedí el estúpido comprobante del tiempo que estuve en el hospital, el cual rápidamente expedió, y me retiré a recibir las medicinas. Así, me tocó irme al trabajo, aún enfermo (aunque al menos las inyecciones me quitaron la tos) con el cuerpo adolorido, los ojos ardoroso, mareado y sin dormir.

Lo chistoso llega cuando arribo al trabajo, y me cuentan que dos compañeras se incapacitaron, una por estrés y otra por dolor de ovarios. ¿Se dan cuenta? Otro ejemplo que me pasó recién, que tuve un accidente laboral donde me causé una herida profunda en el dedo pulgar, y la doctora de turno no me quiso incapacitar tampoco.

Este es un ejemplo de como al hombre se le discrimina por enfermarse. Si usted es hombre y se queja de dolor es menos hombre. Si se incapacita una mujer, es natural, pero el hombre tiene que soportar porque parte de la masculinidad es ser fuerte y callado. Algunos lo llaman "machismo" pero el machismo es más bien la agresión del macho hacia la hembra y hacia otros machos. La discriminación masculina es la agresión consentida de la sociedad contra el hombre.

Como me da rabia ver señoritas bien vestiditas y jóvenes pedir/aceptar el asiento en el autobús a un adulto mayor. ¡Y el hombre se lo cede, aunque la muchachita tenga suficiente salud para soportar 20 o 40 minutos de pie! ¡Solo porque es un "caballero"!

MUJERES: LA IGUALDAD ES REAL Y TOTAL, O NO EXISTE DEL TODO.

Me retiro por ahora citando a Oscar Guasch en su ponencia sobre el Proyecto Mageeq (proyecto de investigación para analizar y mejorar las políticas de igualdad de género de la Unión Europea y de sus países miembros)

¿QUÉ HAY DEBAJO DE LAS POLÍTICAS DE IGUALDAD?
Oscar Guasch (Dpto. Sociología Universidad de Barcelona).

Muy buenas tardes y muchas gracias por haberme invitado. Mi intervención será breve porque tenemos poco tiempo. Y será una intervención leída, porque quiero medir, exactamente, el alcance de mis palabras. Mi intervención se basa en el respeto, en el agradecimiento, en la ideología, y en la crítica elaborada a partir de la experiencia.
Agradecimiento, respeto, ideología, y crítica basada en la experiencia.
 
Primero, es preciso dar las gracias a tantas y tantas personas, sobre todo mujeres (pero no solo a ellas) que llevan años luchando por la igualdad y contra la discriminación.

Segundo, mi intervención es una intervención ideológica. Pero no es más ni menos ideológica que las intervenciones de quienes me han precedido en estas jornadas. Las prácticas profesionales y expertas, a mi entender, siempre son prácticas ideologicas, es decir, son prácticas políticas. Es un acto de honestidad científica y ciudadana el reconocerlo.


Tercero, mi intervención se basa en el respeto de las posiciones ideológicas de quienes me han precedido. Respeto, pero discrepo.


Cuarto, mi intervención será muy crítica y se basa en mi experiencia. Mi experiencia investigadora y como persona ciudadana es lo único que puedo compartir con ustedes. Agradecimiento, respeto, ideología, y crítica basada en la experiencia. Vamos con ello.


Veo que soy el único hombre que participa como ponente las distintas mesas de este seminario. Y se supone (de forma implícita) que estoy aquí por ser homosexual o gay.


Bien. Pues quiero decirles que estoy aquí porque soy un hombre. No estoy aquí porque ser homosexual ni tampoco por ser gay. Es cierto que fui homosexual. Pero ya no lo soy. Entendí con rapidez que la homosexualidad es una forma científica de homofobia. Así que dejé de ser homosexual.
También fui gay. Pero dejé de serlo. Dejé de ser gay cuando esta identidad se banalizó y fue traicionada por la política y absorvida por el mercado. La identidad gay actual es una identidad basura, como lo son la mayoría de las realidades de nuestra sociedad.


Ya no soy homosexual. Ya no soy gay. Soy tan solo un hombre que padece, como tantos otros hombres, la homofobia de quienes no respetan mis opciones de género.


Sin embargo, ahora, se que no estoy solo. Hay otros hombres que, como yo, no son homosexuales ni gays, y que también padecen esta forma de violencia de género que es la homofobia. En nuestra sociedad, todos los hombres (homosexuales o no) padecemos discriminación y violencia de género.


Son discriminaciones sutiles y son violencias socialmente invisibles, pero existen. Resulta insólito argumentar que los varones padecemos discriminación y violencias de género. Pero así es. A los varones (al igual que a las mujeres) nos prescriben y proscriben roles, emociones y actitudes.


El genero discrimina a los hombres porque ciertos recursos y posibilidades sociales nos son menos accesibles que al resto de personas. Veámos algunos ejemplos de discriminación de género que padecemos los hombres.
 

Primer ejemplo:
La definición de la maternidad como función biológica (y no como lo que es: una función social que se puede aprender) es un ejemplo de discriminación a los hombres que, además, genera una visión sesgada de nuestras identidades y capacidades sociales como personas. Los hombres tenemos derecho a ser madres. ¿O es que acaso la biologia es el destino?
 

Segundo ejemplo:
El estudio de los hombres y de nuestras posiciones sociales de género, se está haciendo hace desde una perspectiva que prima la estigmatización de los varones por el mero hecho de serlo. En el imagiario social hegemónico parece que, ser hombre, sea una suerte de agravante de no se sabe muy bien qué. Y si se es hombre heterosexual, peor todavía. Son más sospechosos. Aunque nadie sepa exactamente de qué.


Tercer ejemplo:
Para pensar y estudiar a los hombres apenas se usa el concepto de género, y se recurre, más a menudo, al concepto de masculinidad. Sin embargo, rara vez se emplea el concepto analogo de feminidad para pensar y estudiar a las mujeres. Estudiar a los hombres desde la masculinidad y no desde la perspectiva de género, elude aplicar al estudio de los hombres los mismos instrumentos de análisis que se emplea para hacer lo propio con las mujeres. Esta pirueta teórica y conceptual permite obviar, invisibilizar y negar las condiciones sociales que posibilitan nuestra discriminación de género.
 

Cuarto ejemplo:
Este ejemplo lo tomo prestado de Jose Antonio Lozoya, que es el Director del Programa de Hombres por la Igualdad del Ayuntamiento de Jerez. El fracaso escolar tiene género. Los que fracasan más son los hombres. Sin embargo, la perspectiva de género apenas se usa para explicar el fracaso escolar. José Antonio Lozoya se pregunta qué sucedería si el fracaso escolar tuviera rostro de mujer.
 

Quinto ejemplo:
Que “calzonazos” sea un insulto, o que “paternalista” signifique negar la capacidad de elección de otros (en vez de un intento de cuidar y ocuparse de ellos) son ejemplos de cómo el lenguaje sexista afecta también a los hombres.
 

Sexto ejemplo:
Cuando en los procesos de divorcio se otorga la custodia a las mujeres por el hecho de serlo.
 

Séptimo ejemplo:
La sexualidad de los hombres es definida de forma estereotipada, simplista, sexista, e interesada. Se ha creado el mito de que la sexualidad de los hombres es agresiva y
compulsiva. En consecuencia, hay actos corporales definidos como perversos cuando quienes los realizan son varones, pero no cuando quienes sus actrices son
mujeres.


Con siete ejemplos basta. Aunque con uno solo ya sería suficiente. En cualquier caso, es preciso aclarar que la discriminación de género que padecemos los hombres tiene una calidad distinta de la que padecen las mujeres. Pero eso no significa que no exista. Si acaso, es socialmente invisible. La discriminación de género que padecemos los hombres se basa en las mismas estructuras sexistas que posibilitan la discriminación de las mujeres.


Es preciso recordar que el sexismo, como el poder, está en todas partes. Y es preciso destacar que las políticas de igualdad se siguen pensando comosi los hombres y las mujeres fueran grupos homogeneos. Y no es así. Unos y otras somos radicalmente diversos.


Bien. Este seminario pregunta ¿qué hay debajo de las políticas de igualdad? Yo no puedo decirles lo que hay. Solo puedo decirles lo que yo veo. Debajo de las políticas de igualdad veo a los hombres escondidos y desorientados.


Debajo de las políticas de igualdad veo la negación y la invisibilización de la discriminación de género que padecemos los hombres.


Debajo de las políticas de igualdad, se olvidan, se niegan, y se invisibilizan las experiencias de dolor y de discriminación de los hombres separados y divorciados.


Debajo de las políticas de igualdad, se ignoran los programas educativos dirigidos a los hombres para mostrar que ser macho mata.


Debajo de las políticas de igualdad, se ignora el acoso escolar contra quienes no se adecuan a las expectativas de género previstas para los hombres

.
En el colegio se acosa a los maricas, pero también a los calzonazos, a los cobardes, a los nenazas, y también a quienes llevan gafas y son gorditos o tienen un aspecto asiatico.


Y eso son formas de homofobia. Es decir, son formas de violencia de género. Debajo de las políticas de igualdad, siguen sin reconocerse las contribuciones que los hombres insumisos hicieron a la crítica del machismo social y militar español.
Ya termino.


Los insumisos, los calzonazos, los maricas, los cobardes, y los poetas, padecemos opresión y discriminación de género por serlo. ¿Pero en qué parte de este seminario se habla de todo esto? En ninguna. Si yo estoy aquí es, al menos en teoria, para hablar de derechos de homosexuales y de lesbianas. Y las preguntas que, se supone, debo responder, tienen que ver con eso: con las y los homosexuales.


No me es posible hablar de los ni de las homosexuales. Y es que ya na nadie estudia los negros. Se estudia el racismo. De igual modo ya nadie estudia homosexuales. Se estudia la homofobia. Y la homofobia afecta a todos los hombres. Sean o no sean homosexuales o gays.


Mi experiencia en los grupos de hombres, me dice que la homofobia y la violencia y la discriminación de género que comporta, afecta a todos los hombres sin excepción.


Pero hay demasiadas resistencias e intereses creados como para asumirlo. Creo que las políticas de igualdad de género están mal formuladas, porque obvian e invisibilizan las experiencias de dolor y de discriminación de los hombres.


Les hablo desde el agradecimiento, desde el respeto, y desde una posición que no es ni más ni menos ideológica que la de quienes me han precedido.


Pero también les hablo desde la crítica. No es de recibo que se siga pensando el patriarcado como un producto masculino con el que las mujeres no tienen nada que ver, excepto como víctimas.
Muchas gracias.


Óscar Guasch es licenciado en geografía e historia, doctor en antropología social y profesor de sociología de la Universidad de Barcelona. Especialista en sociología de la sexualidad y en técnicas cualitativas de investigación social, ha publicado “La sociedad rosa”, “Observación participante” y “La crisis de la heterosexualidad”, además de diversos artículos en revistas especializadas. Escribió el prólogo en el libro “Gestión familiar de la homosexualidad”
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Cita de Ibasque.com