La misteriosa técnica para dar direcciones en Costa Rica

Cuando en mi adolescencia. allá por la década de los noventa, llegué a vivir a San José, comencé a aprender a guiarme solo por las calles y barrios capitalinos. Según me enseñaron en la escuela, las calles y avenidas llevan un orden lógico y predecible, por lo que pensé que en poco tiempo me movería por mí mismo sin problemas por la ciudad. ¡Qué ingenuo!

Descubrí increíblemente, que en San José no solo es necesario para guiarse saber dónde están las cosas, sino también donde estaban antes. Por ejemplo, cuando iba a la Universidad de Costa Rica, muchas direcciones en el barrio San Pedro de Montes de Oca me las daban a partir de un famoso árbol de higuerón... ¡mismo que se habia caído y cortado desde un par de años antes!

¡Cuánto tiempo buscando dónde estaba el dichoso higuerón!
Afortunadamente hace unos años volvieron a sembrar un higuerón en el lugar adecuado, para bien de los turistas que visitan este importante barrio capitalino. Aún así, no es el único caso, vemos por ejemplo direcciones que toman como referencia a lugares como "cine Capri", la "pulpería La Luz" o bien la "Y griega". ¡Lugares que desaparecieron inclusive hace décadas!

Pero esta es, lastimosamente, parte de la idiosincracia del tico, que no se queda solo en la capital, sino es una práctica común a lo largo del país.

Para decir que va al norte se dice que va para "arriba". El sur siempre queda "bajando". Y cuando se llega a una encrucijada, siempre se indica hacia dónde girar moviendo la mano en la forma y curvas que toma el camino.  Y por supuesto, siempre declarar las cosas por su color (la casa rosada, un letrero rojo, etc) ¡Mala suerte si cambiaron de color la referencia!

En afán de educar al respecto (en parte) y por compromiso troll (en mayor parte), cada vez que me toca dar una dirección la señalo utilizando puntos cardinales correctos y nombres o números de calles y avenidas.

Casi puedes ver cómo el cerebro del compatriota salta chispas tratando de asimilar la información.

Además de lo divertido que es trollear a un congénere, tiene la ventaja que cada vez que se le enseña alguien cómo es la forma correcta de dar direcciones e interpretarlas, es un costarricense menos que seguirá perpetuando este sistema de señas. Aunque la situación no cambiará hasta que el Estado asuma su responabilidad, rotule correctamente las calles del país y eduque a la población.

Hasta entonces. ¡Buena suerte siguiendo direcciones!