La respuesta al por qué los escépticos se ocupan de discutir sobre lo que no creen.

Es habitual escuchar y leer preguntas como estas: ¿por qué existen personas que dedican un esfuerzo y un tiempo considerable a hablar, discutir y rebatir algo en lo que no creen?. Si tras las pretensiones pseudocientíficas no hay nada real, ¿no están estas personas, estos escépticos, obsesionados con la nada?. ¿No basan su vida en un dogma, y se comportan como sectarios, negando a muchas personas el derecho a sostener creencias y opiniones que solo a ellos afectan, acosando e incluso insultando a quienes osan hacer publicas estas opiniones?.

Estas son nuestras respuestas, nuestras razones para el escepticismo organizado.

En primer lugar, la refutación del error filosófico o científico es una actividad digna y tradicional, generalmente aceptada como necesaria y conveniente para el avance del conocimiento. Los postulados de las diferentes paraciencias no son presentados como meras opiniones intrascendentes, dedicadas a la mera diversión o entretenimiento de los practicantes y seguidores. Los defensores de estas disciplinas insisten en su carácter de verdadero conocimiento y toda su historia esta dedicada tanto al intento de confirmación de su veracidad como al ataque a quienes no aceptan sus postulados. En este ultimo sentido, es curioso que quienes han acusado a sus detractores de auténticos crímenes como asesinatos, traición, secuestro, etc, o de complicidad con quienes los realizan, se sientan víctimas de quienes simplemente consideran sus hipótesis como, en el peor de los casos, de solemnes tonterías. Estas acusaciones adolecen de los mismos defectos que el resto de sus hipótesis, carecen del mas mínimo soporte empírico y, en un curioso circulo retroalimentado, quienes niegan esa hipótesis son asimismo considerados miembros de la conspiración. Así pues, al legitimo derecho a cuestionar la veracidad de cualquier proposición de conocimiento se une el de la propia defensa.

Otra razón es el intento de difundir el pensamiento critico entre la población, particularmente entre aquellos seguidores de estas paraciencias, ejemplos por excelencia de quienes carecen de él, convertidos por su sincero y legitimo deseo de conocimiento en víctimas de formas de pensamiento defectuosas que les alejan de ese verdadero conocimiento y su método. En general, las personas deseamos poseer un criterio que nos permita discernir, entre dos o más postulados, cual de ellos es más acertado y ajustado a la realidad. La crítica racional a los argumentos pseudocientíficos es uno de los modos más efectivos y evidentes de mostrar cuales son esos criterios.

Además, entre quienes practican y difunden estas actividades, existen, como en toda actividad, aquellos que aprovechan el sincero interés de personas con curiosidad para su propio provecho económico, algo respetable, siempre que no incluya el fraude deliberado, la manipulación, la calumnia y la mentira. La denuncia de estas situaciones es, además de un derecho, una obligación ética.

El que los escépticos apelen al método científico y sus criterios de validación o falsación, convierten la acusación de dogmáticos en algo absurdo, un autentico contrasentido. Los escépticos desean y buscan la confrontación argumental, todo lo contrario de los usos dogmáticos, que condenan el examen del dogma. Mostrar esto es otra razón para realizar esta pagina.

No son las actitudes quienes insultan, sino las personas, y es posible encontrar a quienes lo hacen entre quienes defienden y quienes condenan las pseudociencias y entre quienes son indiferentes a ellas.
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